El descanso

A él sólo lo pudieron ver sentado. De lejos, su hombro apenas dejaba que las miradas de los testigos de aquel suceso tan extraordinario descubrieran  que tenía un rostro.Nadie lo vio llegar. De vez en vez, al escuchar los pasos y murmullos, el viajero giraba con sutileza su cabeza hacia la derecha. Sus ojos permanecían cerrados. Uno de ellos quiso permanecer despierto para cuestionarlo, pero al amanecer siguió su camino.

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