Blanco y negro

En su último recorrido de verano el viajero enfrentó al rostro de su propia muerte. Un pie adelante, un paso al frente; atrapado en arenas movedizas. Sus únicos movimientos fueron lanzar su  mano al aire, dirigir su mirada hacia el ocaso. La cintura asomaba aún y pudo hacer decidió dar lo que podría ser el último giro de su vida; 180°. De esa manera resistió estático, incluso respirar significaba acelerar su descenso entre las arenas.

La noche.

En su última bocanada de aire puro, el primer rayo del sol lo tomó de la mano.

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