Perseo confundido

La tarde orquestó una trampa al hombre en la detallada complejidad de un recuerdo vuelto objeto, cada detalle y cada instante, luz y sombra, volumen y profundidad.

Hombre ingenuo, clamado casi un dios por los demás de su naturaleza, al posar su mirada en esa representación de inexplicable origen que habitaba sólo en memoria se expone a ser presa de esa cacería del tiempo.

A sus espaldas le había estado esperando lo que era y estaba con él o sin él; y el hombre, guiado por su experiencia pudo liberarse para regresar.

Justo cuando iba a transformar el mito, en el impulso que envía la energía al cuerpo para  levantar la espada, la obscuridad llegó para ella, arrebatando el lujo de cambiarlo todo. Nadie hubiera sospechado del más mínimo dejo de traición.

Después de eso, al último rayo del sol, el día arrojó un torrencial aguacero, supongo era verano. El hombre giró creyendo haber cometido el crimen perfecto y regresó a admirar esa obra de arte que suponía algún instante de su vida.

Una vieja amiga lo sedujo al creerse culpable de lo que ni siquiera pudo consumar. El recuerdo seguía ahí, lacerante y a la vista de todos.

 

Crepúsculo

Cuando la dulce sonrisa de Cristina por fin resolvió el conflicto y brindó la sombra de una fresca huerta al asesino confeso, pero no por ello culpable; éste decidió convertirse en agua y caer al vacío para correr con la corriente y liberarse de su crimen. Médico débil, Cristina siempre fue la indicada.