Cardinales

La vereda que conducía a esa pequeña cueva de donde brotaba el agua no fue más que un juego para ellos. Hacia el norte corría la vida, hacia el sur se detenía el tiempo. Al oeste esperaba la culpa y en el este acechaba el olvido. Entre sus piernas y hasta la cintura el azufre, arriba el agua. El centro del universo estaba bajo sus pies.

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