La última mirada

Él lo supo desde que el sol entró por esa pequeña ventana; esos primeros rayos de aquél día se reflejaron en el espejo en el cual llevaba unos minutos mirándose a sí mismo. Fue entonces que pudo ver ese peculiar color que tornaban los ojos con una extraña tonalidad amarillenta y ese brillo cristalino. Como si sus ojos lo supieran y él no, como si al verse a sí mismo fuera su propia mirada la que le revelaran su destino.

Súbitamente un recuerdo invadió su mente; su padre frente a él aquella mañana de verano quince años atrás. Aquella mirada que hablaba y le decía que no se volverían a ver.

Remojó su cara, acomodó su cabello, recorrió las facciones de su rostro y moviendo los labios, pero sin emitir ningún sonido se despidió. Sabía que no se volvería a ver jamás.

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