Ausente

Tal como en su mundo onírico, Héctor rescató un susurro perseguido por las cimas de altas montañas, cumbres cubiertas de nieve acariciando el cielo. Como si supiera que debía de emprender el camino de regreso. Como si supiera que ya nadie lo espera y los lagos han comenzado a desprenderse de la tierra para subir y mudarse a otro lugar. Fue así que pudo rescatar una voz en el viento para apresarla en su memoria y dejarla libre con el primer paso que planeó dar una vez que escuchara el canto de un ave. Aún sabiendo que los estados más intensos del alma podrían apresar ese pequeño sonido envuelto ya en sus recuerdos, y que quizá, era más probable que esa sustancia indescriptible abandonara su cuerpo antes de abrir la celda a esa pequeña sonoridad para continuar su trayecto natural.

Ya fuera de su profundo universo secreto, descubrió que había traído las palabras que decidió guardar como alimento a lo largo de su expedición.

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