Medianoche

Caminamos sobre el lago congelado, partimos un poco el hielo y pudimos abrir con mucho cuidado un boquete de un metro cuadrado. Nadamos bajo el hielo, nos sumergimos cuanto pudimos. La luz era poca fuera del agua, así que sólo pudimos confiar en nostros, el uno del otro. Por unos momentos eramos sólo ella y yo. Un poco de nado, algo de aire, y esos instantes a ciegas; así fue que pudimos caminar sobre el hielo bajo el agua. No evitamos ser quienes eramos, a pesar de que por unos momentos pareciera que fuimos hechos para olvidarnos de vivir.

Aquella fugaz redención nos dejó livianos. Salimos del agua y caminamos con las ropas húmedas hasta la orilla. Lo que somos bajo el cielo a medianoche, lo somos bajo el sol de medio día. Ella murió de neumonía, yo marché hacia la cima del mundo. Los inuit me esperaban.

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Regresó Jesús de su viaje. Su rostro aflijido, su mirada perdida, el sudor le cubría la frente y escurría por cualquier parte posible de su rostro.

-Lo he visto todo – me dijo mirándome a los ojos.

Nómada

De niño supe que la noche te regala el misterioso cobijo del sueño. Era una posiblidad de continuar despierto en otro univers. Gracias a eso pude aprender y reflexionar sobre el por qué estamos aquí y ellos allá, y pude revelar unos cuántos secretos que el velo de la conciencia nos oculta.

Hace tiempo que dejé de ser ingenuo. Los días traen suficiente luz como para cegar mi alma y la de todos en una ciudad entera. Ahora persigo ese cobijo durante días hasta alcanzarlo.

Sé que estaré despierto durante días, pero las maletas están hechas. Saber que voy de un lugar a otro me produce insomnio.