Medianoche

Caminamos sobre el lago congelado, partimos un poco el hielo y pudimos abrir con mucho cuidado un boquete de un metro cuadrado. Nadamos bajo el hielo, nos sumergimos cuanto pudimos. La luz era poca fuera del agua, así que sólo pudimos confiar en nostros, el uno del otro. Por unos momentos eramos sólo ella y yo. Un poco de nado, algo de aire, y esos instantes a ciegas; así fue que pudimos caminar sobre el hielo bajo el agua. No evitamos ser quienes eramos, a pesar de que por unos momentos pareciera que fuimos hechos para olvidarnos de vivir.

Aquella fugaz redención nos dejó livianos. Salimos del agua y caminamos con las ropas húmedas hasta la orilla. Lo que somos bajo el cielo a medianoche, lo somos bajo el sol de medio día. Ella murió de neumonía, yo marché hacia la cima del mundo. Los inuit me esperaban.

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